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El Mundo, 12/09/2010

“Crisis? What crisis?” pregunta Supertramp en uno de sus discos. Desgraciadamente, en Catalunya la pregunta que hay que hacerse es a cuál nos referimos. A la económica hay que sumarle la presupuestaria de la Generalitat, la desafección social, la crisis en las relaciones de Catalunya con el Estado y, no menos importante, la crisis de valores, actitudes y referentes provocada por el relativismo moral autodestructivo de muchos estamentos.

La prioridad urgente y absoluta de CiU es combatir con medidas efectivas la crisis que aboca al 18% de los catalanes al paro, que eleva al 40% el desempleo juvenil y que sume a una de cada cinco familias en el umbral de la pobreza. Levantar la economía es nuestra prioridad para evitar que el país se resquebraje. Sólo desde una buena situación económica saneada, garantizaremos la cohesión social imprescindible para la convivencia.

La crisis es global, pero mientras en los países de nuestro entorno se vislumbra la recuperación, en nuestro caso no es así. Las malas políticas económicas del gobierno Zapatero y del tripartito, el retraso en adoptar decisiones eficaces y reformas necesarias y un modelo de crecimiento económico agotado han hecho que Catalunya y España estén a la cola de las economías en el paro. Para afrontar esta situación insostenible es necesario un gobierno que lidere los cambios precisos para revertirla. Es lo que Catalunya se juega en las próximas elecciones. Las polémicas identitarias, las promesas demagógicas, partidistas e interesadas deben ser postergadas para resolver la crisis.

No será fácil, pero es imprescindible salir reforzados de la recesión. Es necesario un gobierno fuerte, con las manos libres, y con un proyecto cohesionado, pero no es suficiente. Necesitamos el esfuerzo de todos para retomar los valores que han hecho de nuestro país una comunidad líder económica, política y socialmente en Europa. Hay que recuperar la cultura del esfuerzo, apoyar a los emprendedores y reivindicar la excelencia como ejes imprescindibles para volver a liderar la economía mediterránea.

El esfuerzo debe empezar en las escuelas. Pese a las mejoras tecnológicas y a los recursos invertidos, el fracaso escolar ronda el 30%, lastre que no nos podemos permitir. Sólo desde una mejor formación alcanzaremos el imprescindible nivel de competitividad deseado. El informe de la OCDE nos sitúa tristemente en el lugar 42 del ranking mundial. Así no vamos a ninguna parte. Hay que mejorar formación, productividad, infraestructuras, investigación y desarrollo para recuperar lo perdido. También debemos mejorar nuestra financiación. El modelo del tripartito, lejos de ser el gran logro que nos vendieron, es un fracaso que no sirve a las necesidades presupuestarias del país. Además conviene y recordar que históricamente Catalunya ha sido fuerte económicamente cuando lo ha sido políticamente.

CiU afronta la campaña electoral con ilusión y esperanza, con rigor y desde el convencimiento de que somos los únicos que podemos garantizar el cambio que Cataluña necesita con un gobierno fuerte, cohesionado y defensor de los valores que han hecho prosperar a nuestro país durante siglos. La cultura del esfuerzo, el respeto a la autoridad, la convicción de que sólo el trabajo es capaz de generar riqueza y la solidaridad hacia los más desfavorecidos son valores de Unió desde nuestra fundación hace más de 75 años, y que compartimos con CDC. Por ello, CiU ha sido y volverá a ser más eficiente en el gobierno que la amalgama partidista, inconexa de siglas e ideologías de los tripartitos. Y alerta, porque si sumando alcanzan la mayoría, volverán a reeditar el pacto pese al fracaso que ellos mismos han reconocido. Tampoco el PP ofrece expectativas más esperanzadoras. Rajoy se ha quitado la máscara y ya ha anunciado que quiere un pacto a la vasca en Catalunya si los resultados electorales se lo permiten.

Reivindicamos otros valores, trayectoria parlamentaria y gestión de gobierno como garantía de nuestra capacidad para abordar la grave situación actual frente al triste rédito del gobierno tripartito. Pedimos a la sociedad catalana un apoyo suficiente para gobernar en interés de todos, sin el lastre de posicionamientos que se han demostrado ineficaces o contrarios a los intereses de Catalunya.

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Us adjunto entrevista que va publicar-se ahir al diari La Razón de mà de la Sonia Doménech

Joana Ortega en el Parc de la Ciutadella. © La Razón

Nos vemos en el Parlament cuando acaba el último Pleno y antes de que comience a recoger sus cosas en cajas, no porque se despida de la política, todo lo contrario, pero es que los despachos de la oposición han amanecido con grietas y en agosto es el momento de que picos y palas arreglen el entuerto.

-Su partido, con Duran Lleida al frente, le ha concedido el lugar privilegiado de ser la primera de Unió por Barcelona. ¿Hay vacaciones este año?
-Pocas, pero hay. Creo que las necesitamos todos porque hemos tenido una Legislatura muy complicada, dura e intensa, y hay que recuperar fuerzas. Además, hay que compartir tiempo con la familia. Es complicado compaginar, pero soy de las que piensan que no hay por qué renunciar a nada. Demasiadas veces la familia es la gran sacrificada de la política.

-¿Y si se viera en la encrucijada de tener que elegir?
-Me resisto, aunque, lamentablemente, todavía demasiado peso de la familia recae en la mujer, es la asignatura pendiente. En el siglo XXI se puede compatibilizar todo y, a esto, afortunadamente, ayudan las nuevas tecnologías. La familia es la estructura fundamental y me ayuda en política; además, la política es compromiso, y creo que hay que extender este compromiso para practicar una política en positivo.

-Este discurso es muy coherente, pero la ciudadanía está, si no harta, como mínimo muy desengañada de los políticos. ¿Cree que esto se puede solucionar?
-Tienen razón. Debemos recuperar aquel contrato con la ciudadanía, reencontrarnos con la gente, ya que realmente los políticos somos un instrumento al servicio de la ciudadanía. Eso pasa por no practicar la crítica al adversario como base de la política, por coger los problemas que preocupan a los ciudadanos y ponerlos delante de todo, por desterrar el tacticismo de la práctica política, por escuchar, de una forma muy especial, a la gente. Los políticos debemos hablar menos y escuchar más.

-Lo siento, pero o vivo en otro planeta o veo diariamente justo lo contrario. Quizá porque es final de Legislatura, pero el pimpampum entre partidos ha sido incluso denunciado por alguno de ustedes como el consejero de Economía, Castells.
-Los últimos acontecimientos han tocado la fibra sensible del pueblo catalán. Hemos sufrido una agresión cuando el Tribunal Constitucional ha mutilado una ley aprobada por el Parlament y el Congreso y ratificada por el pueblo de Cataluña. Eso ha provocado que los políticos hayamos levantado la voz, pero la hemos levantado en defensa de la dignidad de Cataluña. Además, soy de un partido que hace bandera del diálogo y no quiere radicalizar la conciencia nacional, sino extenderla, pero a veces no nos lo ponen demasiado fácil.
Remar en la misma dirección

-¿La campaña será de confrontración?
-No, tendremos una campaña conscientes del momento político que vivimos, de la desafección y la responsabilidad que tenemos. Nuestra principal preocupación es la crisis, y CiU lo que hará es darle respuesta. También a la necesidad de reafirmar nuestro autogobierno, abordamos la campaña principalmente con el objetivo de fomentar un cambio, un cambio que creemos que nuestro país necesita para afrontar los difíciles momentos que nos vienen provocados por situación económica y la sentencia del TC. Por eso, creemos que se necesita un Gobierno lo suficientemente sólido, fuerte y cohesionado como para afrontar estos nuevos retos que tiene Cataluña.

-CiU es una coalición que ha pasado momentos mejores y peores, pero ahora se muestra unida. ¿Tres son multitud?
-Se es multitud especialmente cuando no se rema en la misma dirección y Cataluña nunca había estado tan desprestigiada como con el tripartito. Quien más ha fomentado la confrontación Cataluña-España ha sido el tripartito, a través de la provocación. Ahora hay que serenar los ánimos para trabajar por Cataluña.

-¿Encaja bien que Artur Mas quiera un Gobierno con independientes e incluso se habla de ex consejeros socialistas?
-Cuando llevas siete años en la oposición y ves las cosas que se han hecho, lo que deseas es un grupo de personas para formar el mejor Gobierno porque viene una época complicada para Cataluña. Es necesario buscar el Gobierno de los mejores y, ¿los mejores están en CiU? Seguramente sí, pero eso no excluye que puedas ir a buscar allá donde sea necesario. No hay que cerrarse la puerta en ningún sitio.

-Esta semana se ha votado la ILP antitaurina y Cataluña ha sido portada en todo el mundo por prohibir los toros. ¿Iniciativas como ésta ayudan a dar la imagen de Cataluña que queremos?
-Esta prohibición no nace de la política sino de una ILP, que nos pide que legislemos sobre un tema particular. Creo que desde España, a menudo, se ve confrontación donde no la hay, como demuestra que en otras comunidades se han prohibido los toros y no ha existido la alarma que ha provocado en Cataluña. Además, ¿qué hay más democrático que una ILP?

-Entonces, ¿no cree que sea un debate identitario?
-Ha sido un debate llevado por una gente que cree que hacer sufrir a un animal hasta la muerte no es propio del siglo XXI y otras personas que son partidarias de los toros. Creo que ha sido un proceso responsable, en el que han convivido protaurinos y antitaurinos, y dentro del Parlament se ha vivido con respeto este proceso, aunque luego haya habido el tacticismo de a quien le interesa forzar la división Cataluña-España en la que yo no creo.

-Pero es mucha la gente que no entiende que, si es por sufrimiento, no se prohíban los «correbous»…
-Son temas diferentes. Primero, el debate de los «correbous» se tendría que haber producido al mismo tiempo, pero el PP lo llevó al Consejo de Garantías Estatutarias. Dicho esto, creo que una cosa es la muerte y el sufrimiento del toro como espectáculo, y otra la utilización de un animal también para un espectáculo.

-Usted lleva muchos años en política…,  en el Ayuntamiento de Barcelona, el Instituto Catalán de la Mujer, etc. ¿Qué le parece que Laporta  quiera entrar en el Parlament?
-Primero, respeto su decisión y compromiso. Pero, claro, no sé si él conoce la magnitud del día a día de la política, porque la política no son los focos, es trabajar el día a día, destinar muchas horas, es salir a la calle para escuchar a la gente y es predicar cuando conviene, pero sobre todo, hay que poner el acento en el ciudadano.

-¿El político se hace?
-Se hace y nace. Creo en la vocación política. La política municipal debería ser obligada para todos los parlamentarios porque es una escuela para tocar la realidad y las cosas pequeñas que van marcando el día a día, y así se puede hacer que mejore la calidad de vida de la gente.

-¿Seguimos mirando aún la campaña de Obama?
-Nosotros somos latinos y tenemos una manera propia de proceder. Somos una sociedad que vive mucho en la calle.

-¿Se puede conseguir un voto invitando a un café?
-En los encuentros informales, en los que se puede tener una conversación llana se aprende mucho. No todos los políticos somos iguales y es en la cercanía donde se ve. Mi hija, con 15 años, me dice: «Mamá en la escuela os ponen a todos en el mismo saco», y le explico que no es así. Reivindico el sentido común en la política.

La mujer, en primer plano
Joana Ortega (Barcelona, 1959) será la número dos de la lista de CiU por Barcelona. Secundar a Artur Mas es «una respuesta a mi trabajo», asegura esta madre de tres hijos –la tercera adoptada– que hace equilibrios para disfrutar de la familia y de la política. En este último terreno, no es ni mucho menos una novata. Militante de Unió desde 1985, se forjó en la escuela de la política municipal. Después, desde la presidencia del Instituto Catalán de la Mujer impulsó numerosas iniciativas para luchar contra la violencia de género. CiU había dado libertad de voto y ella optó por apoyar la prohibición de las corridas de toros de Cataluña, iniciativa que quiere desvincular de la política y centrarla únicamente en el trato al animal.

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Inmersos en un clima general de desafección, de desilusión y de descrédito de la política por la crisis y también por la inoperancia de los gobiernos de Zapatero y del tripartito, hacer de una sonrisa la imagen de Convergencia i Unió en un año electoral no es una decisión frívola ni la visualización de que todo está ganado. No lo está y no será fácil lograrlo. La crisis ha devastado el tejido económico y sólo un gobernante como Zapatero que ha hecho del optimismo una patología y no una virtud puede ver la vida de color de rosa. No es nuestro caso. Hemos alcanzado la tasa más alta de paro de los últimos doce añosCatalunya es la comunidad que más puestos de trabajo ha perdido- y ahora el gobierno propone retrasar dos años obligatoriamente la jubilación.

En CiU sabemos que atravesamos tiempos difíciles y que la inacción y el buenismo no son instrumentos para superarlos. La parálisis de sus gobiernos ha situado a Catalunya y a España en la cola de la recuperación económica europea y allí seguiremos estando si no cimentamos el futuro con las reformas estructurales necesarias en nuestro tejido productivo.

Nuestra sonrisa no es la del inconsciente, sino la de quien sabe que sólo haciendo las cosas bien se obtienen recompensas. Es el reflejo de una actitud y de un estado de ánimo. Es la sonrisa que sólo da la satisfacción del trabajo duro, del esfuerzo, del sentido común, de la excelencia. Es la que aparece tras la lucha ardua para lograr unos objetivos que mejoren la situación de todos. Es la sonrisa de quien vence adversidades y puede, además, ayudar a superarlas a quien tiene a su lado.

Por ello, CiU no quiere convertir la cita electoral del próximo otoño – en la que Catalunya decidirá su futuro gobierno- en un rosario de reproches de lo poco y mal que ha hecho las cosas el tripartito. No queremos exponer los errores e incumplimientos de un gobierno descohesionado y preocupado, por encima de todo, en mantener poltronas y cuotas de poder de sus tres formaciones políticas. Quien quiera conocer el talante y la incapacidad del tripartito no tiene más que buscar en las hemerotecas.

Podríamos hacerlo – sería legítimo-, pero nuestra apuesta es otra: la de construir desde el rigor un futuro inmediato que ofrezca más oportunidades para todos. Nuestra apuesta es facilitar la reincorporación de tantos y tantos desempleados al mercado laboral. Es la de la educación y la formación para fomentar la ocupación juvenil. Es la de flexibilizar las condiciones para facilitar la contratación. Es también de soporte decidido a los emprendedores, con medidas fiscales, con ayudas a la financiación, con más apoyos y menos palos entre las ruedas. No concebimos una Catalunya próspera sin los pequeños y medianos empresarios que han hecho grande a nuestro país. Sabemos que atraviesan una situación difícil porque la crisis global no ha sido afrontada aquí con la decisión y acierto de otros países que ya vislumbran la luz al final del túnel mientras Catalunya y España siguen sumidas en la oscuridad.

Nuestra apuesta es, pues, en primer lugar, recuperar la senda del crecimiento económico y con él la creación de empleo. Y pasa también por el apoyo activo a la familia con ayudas directas. No será fácil. Saber lo que se quiere, conocer los mecanismos que hay que usar, contar con el apoyo de una sociedad que sabe que sólo el esfuerzo garantiza un buen resultado nos hace ser optimistas. No tenemos nada ganado, porque sabemos que el triunfo sólo se forja con el trabajo duro del día a día, pero trabajaremos para que sea realidad.

También sabemos que el futuro debe encararse con ilusión y que se empieza a ganar con una sonrisa, con la que dibuja la certeza de que si todos trabajamos al unísono, sin buscar beneficios partidistas, aceleraremos la derrota de la crisis. Esa es nuestra única receta: un gobierno fuerte que ofrezca y exija sentido común y trabajo, trabajo y más trabajo. Con estos ingredientes, Catalunya ganará terreno. No lo debe seguir perdiendo y, por tanto, ¿qué menos que ofrecer a todos una sonrisa de esperanza y de optimismo ante el futuro para hacer posible lo que creemos necesario?  Esa es nuestra intención y nuestro mensaje.

Es necesario que Catalunya recupere la ilusión para que las personas se involucren en la política. CiU puede canalizar esta ilusión como la mejor alternativa para gobernar un país, que requiere ambición y voluntad de volver a comenzar, para volver a ser uno de los motores de Europa.

Publicado en el diario El Mundo

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Artículo aparecido en “El Mundo”

Cuando en medio de una negociación bilateral una de las partes va fanfarroneando de lo mucho que conseguirá, mala señal: o es un inconsciente, o está intentando vender una moto. Me escaman las declaraciones que se lanzan desde el PSC anunciando las bondades de la nueva financiación para Catalunya cuando el tripartito y el gobierno central lleguen a un acuerdo.

Escama porque, antes de cerrar un trato, hay que mantener cara de póquer para obtener lo que se pretende. Escama porque hay una ley de obligado cumplimiento, el Estatut, que marca las directrices de la financiación, y los socialistas catalanes no le hacen referencia en sus explosiones de optimismo. Escama porque desde el Gobierno español se glosa la cifra final anunciando que será superior a la media española, cuando nadie pide ni más ni menos sino lo que dicta la legislación. Inquieta, en fin, porque Zapatero es invencible poniendo fechas y plazos para incumplirlos sistemáticamente con Catalunya.


A fuerza de repetirse, una acaba conociendo los mecanismos del PSC tripartitario. Cuando las cosas pintan mal, lo primero que señalan es que con CiU tampoco era la panacea; lo segundo que hacen es amenazar con usar la fuerza de sus 25 diputados en el Congreso de Madrid; lo tercero, decir que, si no se consigue el objetivo perseguido por la Generalitat, las relaciones con el gobierno de Madrid no podrán seguir siendo las mismas; y lo cuarto, certificar que de todo lo dicho anteriormente nada de nada, salvo recordar que tampoco CiU logró todo lo que se propuso. Obvian, por supuesto, que la situación política era totalmente diferente con una mayoría absoluta del PP y sin ninguna dependencia de los votos de CIU, pero en la actualidad el PSOE depende de los votos del PSC. También es importante destacar que si por alguna cosa hemos hecho el Estatut es precisamente para poder tener un acuerdo de financiación mucho mejor que el del 2001.

En esta fase nos encontramos ahora cuando se acerca el final de la negociación interminable de la financiación de Catalunya, un tema de fácil cumplimiento si se aplica la ley y tremendamente enrevesado cuando se ha tratado de interpretar con el criterio del café para todos. No es lo que queremos. No lo quiere CiU y no lo contempla el Estatut aprobado por el Parlament, por las Cortes Españolas y refrendado por el pueblo de Catalunya.

Insistimos en que no pedimos más de lo que dicta la ley, pero no debemos, ni podemos conformarnos con menos. El día 15 está a la vuelta de la esquina por lo que -si nos creemos que se respetarán los plazos fijados- el acuerdo sobre financiación (bueno o peor) será un hecho o ya no será, pero se dejará de marear la perdiz en un tema clave para la sociedad y que a fuerza de politizarlo y eternizarlo la ha acabado cansando y aburriendo.

Por ello conviene recordar que cuando hablamos de financiación, lo hacemos de inversiones públicas, de desarrollar la ley de dependencia, -esa idea de Rodríguez Zapatero que en todas sus iniciativas promete el oro y el moro pero pagando otros, y que ha defraudado a tantas familias necesitadas. Financiación también es invertir más en educación, dotar con más y mejores servicios a la sanidad, mejorar las infraestructuras viarias en las que se tienen competencias, poder financiar un transporte público más eficiente, ayudar con mayor efectividad y rapidez a los pequeños y medianos empresarios. Una financiación justa permitirá a Catalunya ser un país más eficiente en sus servicios, más sólido en lo económico y más justo en lo social. Por ello, hasta el 15 de julio sería bueno que, en lugar de vender osos antes de haberlos cazado, el PSC se aplicara a las labores de negociación para que al final el resultado sea aceptable.

Otra situación ni siquiera cabe planteársela, porque es mejor no llegar a ningún acuerdo que alcanzar uno que nos quede corto a las necesidades, a las de usted, a las de sus familiares y amigos, a las de sus vecinos, a las de los mayores, jóvenes y niños, a los de los enfermos, a las de los parados, etc. La financiación va en último término destinada a usted, a ellos, a nosotros… Si es buena, será buena para todos pero si ahoga, sépa que nos ahogamos todos.

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